Patrimonio Intangible

Las Botargas Veraniegas

Entendemos las botargas como personajes emblemáticos, patrimonio intangible de la provincia de Guadalajara y elemento de dinamización territorial.

En artículo responde a investigaciones previas, donde se documentó y analizó mediante un estudio comparativo y con el apoyo del Museo Provincial de Guadalajara, los cambios sufridos por las botargas que habían sido desplazadas a la época estival, en la provincia de Guadalajara y sus diferentes evoluciones con respecto a las botargas de invierno.

Nos estamos refiriendo a las comunidades de Majaelrrayo y Valverde de los Arroyos, poblaciones colindantes entre sí y con características similares. Ambas cuentan con una orografía de montaña, próximas al pico Ocejón y su base económica tradicional, ha sido el pastoreo. A partir de la llegada de una economía más industrializada, no pudieron adaptarse a los nuevos tiempos y la mayoría de sus habitantes migró a otras localidades en busca de trabajo. Actualmente intentan sobrevivir del turismo, debido a la peculiar arquitectura de estas comunidades, conocidos como “Los pueblos de la arquitectura negra” y sus parajes naturales. No obstante, es muy elevado el número de hijos del pueblo que migran, y sin embargo no se desvinculan de su comunidad de origen, siendo participantes de sus fiestas y dando vida a personajes emblemáticos de las mismas. Es por ello, que sus celebraciones se trasladan a fechas estivales, con el fin de garantizar su supervivencia.

La botarga, actor simbólico en la provincia de Guadalajara, es aquel protagonista de las fiestas de invierno que aparece entre el ciclo de Navidad y el Carnaval. O dicho de otro modo, entre el solsticio de invierno y la última luna de este ciclo. La finalidad ritual de estos actores ha sido la de espantar al invierno y proteger la fertilidad de la tierra, así como despertar a la misma del letargo invernal justo antes del periodo de plantación o crecida de los pastos. Para ello, se ha provisto de elementos simbólicos como cachiporras, cascabeles y cencerros, así como máscaras fieras, que permiten al personaje adquirir connotaciones carnavelescas.

Son muchas las fiestas de invierno donde aparecen hombres, solteros y jóvenes, ataviados con pieles, cencerros, cachiporras, máscaras o pinturas en la cara. Las botargas, al igual que otras manifestaciones con estas características, son en origen personajes ritualizados del periodo invernal. Es evidente la relación estrecha que ha existido entre el ciclo del año y el ritmo del trabajo y el ocio de las viejas sociedades españolas. Las fiestas populares, sobre todo en las sociedades campesinas, estaban relacionadas ante todo con elementos de carácter naturalista, de culto a la vegetación. Para establecer la naturaleza de un acto festivo hay que buscar el motor que lo provoca y, en consecuencia, hay que profundizar en los impulsos colectivos que fijan las condiciones propicias de cada celebración.

Sus connotaciones principales se mantienen, más de veinte siglos después, como parte del patrimonio intangible de estas localidades. Al trasladarse el personaje del invierno al verano, inconscientemente, pierde esa ferocidad que le caracteriza, pues su función principal, definitivamente ha terminado. Desaparecen las máscaras por el calor y con ellas su anonimato y el papel de diablillo carnavalesco que va espantando a niños y adultos. Aunque en la descripción de sus funciones aún nombran este papel, y aunque en Majaelrayo siguen llevando las gachas, el rol que juegan no es el de molestar a los vecinos. En Valverde de los Arroyos ni siquiera reconocen estas funciones de la botarga y aseguran que su papel es más litúrgico y no tiene relación con los demás botargas de la provincia de Guadalajara. De este modo, en estas comunidades, el papel de las botargas ha empequeñecido frente a los danzantes, los cuales han ocupado el protagonismo que ha dejado la botarga al desplazarse. Ambas comunidades viven unas transformaciones similares y han pasado a convertirse en dos manifestaciones originales, diferentes al resto de la comarca.

Todo tipo de expresión festiva, es un reflejo de la comunidad que las alberga y como tal nos da información sobre la misma y sus procesos transformativos. Es significativo, que el año que realizamos nuestra investigación, apareciese en Majaelrrayo la primera mujer botarga de la provincia de Guadalajara.

No obstante, todo tipo de manifestaciones de botargas, son patrimonio intangible de estas regiones y al mismo tiempo, en estos dos territorios, coinciden con un amplio patrimonio arquitectónico, considerado Patrimonio Turístico Nacional. En ambos casos, se cuentan con los ingredientes necesarios como para generar un proyecto de dinamización turística que permita desarrollar la economía local, sin poner en riesgo la sostenibilidad sociocultural, ya que hasta ahora, no ha contado con una planificación desarrollada en toda su totalidad.

O.D.A.

DÍEZ ASCASO, O.
(2010) “Botargas y Danzantes. Evoluciones diferentes”,
Cuadernos de Etnología de Guadalajara, 42. Pp. 45-67.
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