Santa Coloma

El Románico acompañó a la Reconquista en su avance hacia el sur y en la repoblación de la cuenca del río Tajo, por lo que su desarrollo estuvo intrínsecamente ligado a la situación de guerra y frontera que caracterizó estas tierras. Esta situación de inestabilidad política y fronteriza afectó a las tierras de Guadalajara durante casi dos siglos y perduró hasta el año 1085, cuando Alfonso VI conquista Toledo, dando así inicio a un nuevo periodo de repoblación que afectaría a las sierras altas del norte de la provincia de Guadalajara. Esta repoblación se sustentó en torno a la plaza de Atienza y se intensificaría tras la conquista de Sigüenza en 1124 y la de Molina de Aragón en el 1128. En este sentido hay que destacar que este proceso repoblacional se llevó a cabo principalmente con gentes del norte que posibilitaron la llegada de las influencias románicas de esta zona, convirtiéndose en una zona de expansión natural del románico segoviano y soriano.

En cualquier caso, la instabilidad continuó jugando un papel importante en la provincia de Guadalajara hasta la llegada al trono de Alfonso VIII, quien favoreció el establecimiento de la orden de Calatrava en Zorita y quien conquistó la ciudad de Cuenca en 1177, iniciándose ya de manera definitiva la repoblación de la cuenca del Tajo y la pacificación del territorio, requisito éste indispensable para la recuperación económica y la construcción de las primeras iglesias románicas (Nieto et al, 1991). Por tanto, el Románico de Guadalajara es un Románico tardío, construyéndose edificios en este estilo hasta bien entrado el siglo XII. Así, la repoblación de la zona trajo consigo la ansiada seguridad territorial, el crecimiento demográfico, la roturación de nuevas tierras y la creación de nuevos núcleos de población junto con el desarrollo de los ya existentes. Todo ello se tradujo en la construcción de más de 200 edificios de estilo románico.

La ya comentada cronología tardía del románico en Guadalajara permite explicar la existencia de edificios con planta y estructura románica pero con algunas formas ya protogóticas como los arcos apuntados doblados y las bóvedas de ojiva, como puede apreciarse en las iglesias románicas del Tajuña y en algunas del Tajo (Nieto et al, 1991). Pese a ello, las tierras de Guadalajara participaron plenamente del desarrollo y expansión que la época románica significó para el occidente europeo.

En la Santa Colomba de Albendiego, tenía su sede una pequeña comunidad de monjes canónigos regulares de San Agustín, que en 1197 ya existían, pues en esa fecha les dirigió una carta el obispo de Sigüenza don Rodrigo, eximiéndoles de pagar diezmos e impuestos, y haciéndoles donación de tierras y viñas para su sustento. Ellos fueron quienes a finales del siglo XII, levantaron la Iglesia de Santa Coloma.

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Se trata de un edificio inacabado, con añadidos posteriores en el siglo XV. Lo primitivo del templo queda en la cabecera, con una tipología excepcional en el ábside y dos absidiolos. El ábside principal es semicircular aunque su planta tiendo a lo poligonal y divide la superficie en cinco tramos por cuatro columnillas adosadas, que hubieran rematado en capiteles si se hubiera completado la obra. En los tres tramos centrales del ábside aparecen ventanales abocinados y formados por arcos de medio punto en degradación de gruesas molduras lisas que descansan sobre cinco columnillas a cada lado.  Estas ventanas llevan unas caladas celosías de piedra tallada que ofrecen magníficos dibujos y composiciones geométricas de raíz mudéjar. Estos detalles mudéjares de la iglesia de Santa Coloma demuestran  el entronque con lo oriental que tiene el románico castellano. En el resto de la cabecera del templo ofrece a ambos lados de este ábside sendos absidiolos de planta cuadrada, en cuyos muros aparecen ventanales consistentes en óculos moldurados con calada celosía central, con un par de columnillas con basa y capitel foliáceo.

Al interior aparece el arco triunfal con gran dovelaje y capiteles foliáceos, de paso al presbiterio y el calco interno de la disposición exterior del ábside. A ambos lados del presbiterio, se abren sendos arquillos semicirculares, que dan entrada a las capillas primitivas, escoltadas de pilares y capiteles muy bien conservados.

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La iglesia no se concluyó de acuerdo con el plan primitivo, seguramente proyectado con tres naves. Tras cerrarse la cabecera a finales del siglo XV, se terminó el templo dotándole de una única nave con muros de mampuestos, techumbre de madera y pavimento de lajas de piedra apenas labradas. La puerta de acceso es de estilo gótico, se abre a mediodía a través de un arco rebajado con decoración de cardinas y capiteles vegetales y geométricos. En los pies del templo se levanta la espadaña, de silueta triangular con tres vanos de medio punto, posterior aunque algunos autores la califiquen de románica.

A.R.G.

 

NIETO TABERNÉ, T., ALEGRE CARVAJAL, E. y EMBID GARCÍA, M.A.

(1991) «El Románico en Guadalajara», Editorial Estudio Museo.

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