Paisajes prehistóricos

/
Rodrigo Paulos Bravo

La arqueología posee la gran ventaja de permitir los viajes en el tiempo. Con un buen paisaje delante y una cantidad aceptable de datos científicos, el arqueólogo es capaz de visualizar entornos prehistóricos hoy desaparecidos. El caso del valle medio y bajo del río Henares es paradigmático, ya que un gran número de excavaciones arqueológicas han permitido avanzar en el conocimiento de las sociedades que lo poblaban en los últimos milenios antes de nuestra era. Varios yacimientos de la Prehistoria reciente situados en el llamado Corredor del Henares, como Camino de las Yeseras, Soto del Henares o Arriaca-Zayde, dan una idea de la intensa actividad antrópica que ha sufrido el entorno desde el Neolítico (Blasco et al., 2016).
Donde hoy se hallan asfalto y naves industriales, hace unos cinco mil años había toda una ristra de pequeñas aglomeraciones de cabañas esparcidas por las orillas del Henares y los arroyos que en él vierten sus aguas. Los pastores con rebaños de ovejas, cabras o vacas no dejaban de remontar el valle para más tarde desandar el recorrido de vuelta al origen. Dentro de los pequeños «núcleos», modestos túmulos hechos de cantos de río marcaban el lugar de descanso de muchos de los antepasados desde tiempos inmemoriales, y en los alrededores parcelas de cultivo se apiñaban allá donde el terreno no era pesado y las azadas de piedra y los palos cavadores no encontraban gran resistencia.
Los bosques de encinas, robles y quejigos, también muy antropizados, poblaban los montes y lo que ahora son verdes campiñas de cultivo. En ellos los ganados encontraban alimento y sombra en su continuo trasegar de norte a sur. No en vano, el valle del Henares era uno de los ejes principales que vertebraban las comunicaciones ente las dos submesetas.
Todas las condiciones que reunía el valle propiciaron que durante el Calcolítico y la Edad del Bronce —3000 al 800 a. C.— las distintas poblaciones que lo habitaban fructiferaran y comenzaran el lento pero inexorable camino que cristalizó en los principales pueblos prerromanos de la cuenca alta del Tajo: celtíberos y carpetanos.
La excavación arqueológica de estos pequeños «núcleos» es de todo menos monumental, ya que los únicos restos que se conservan suelen ser agujeros excavados en el sedimento y algunos materiales arqueológicos. Sin embargo, si bien carecen de imponentes estructuras, la información que aportan los rellenos de dichos hoyos no es menos importante. Saber qué comía, qué elementos utilizaba o cómo enterraba a sus muertos una sociedad es siempre el primer paso para la comprensión de su cultura. Por ello, el estudio de los restos materiales, ya sean cerámicos, líticos u óseos, acerca al investigador al modo de pensar de las poblaciones que los generaron. Y así, la arqueología viaja al pasado.



BLASCO, C., GALINDO, L., SÁNCHEZ, V. M., RÍOS, P. y LIESAU, C. (2016): «Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid», en Del neolític a l’edat del bronze en el Mediterrani occidental. Estudis en homenatge a Bernat Martí Oliver. Trabajos Varios del SIP, 119. València: 257-267.
GUERRA, M. R., DE LAGRÁN, I. G. M., & GARRIDO-PENA, R. (2012): El Neolítico en la península ibérica y su contexto europeo. Ed. Cátedra.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

© 2020 grupo365arqueología
Todos los derechos reservados.
Dirección
Grupo 365 Arqueología
Av. de Buendía #11
CEEI Guadalajara. Oficina 22.
19005, Guadalajara.